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Mensaje por Historiador Inmortal el Vie Jun 20, 2014 6:35 am




Ya me había acostumbrado a aquella abrazante oscuridad. La humedad en cada rincón de aquél estrecho pasillo ya no era tan fría como cuando di los primeros pasos a través de aquél viejo umbral de piedra enmohecida…
 
*Tanta gente… - dije, pensando para mis adentros, mientras salía junto con mis compañeros de aquél reducido espacio…*
 
Cada paso era seguido por un chapoteo. Cada chapoteo, seguido por un ruido. El chillar de las ratas, de los murciélagos… Mi mano deslizándose por la pared, para no perder la compostura ante aquella intimidante situación, a ciegas contra lo desconocido, sin ninguna luz ni arma, moribundo, con una dolorosa herida derramando sangre por todo el largo de mi cuerpo. Confundido, sin fuerza alguna… Perdía la conciencia cada minuto, la memoria me fallaba, y parecía que el instinto era lo único que me hacía seguir tambaleante contra la pared. Una sola cosa resonaba en mi mente cuando comenzaba a pensar sobre adónde me llevaría aquella boca de lobo, y era el por qué seguía aquél camino. ¿Sería que por allí estaba mi salvación? ¿O todo era una broma de mal gusto de ese sujeto, que tras señalarme el camino, se retiró de mi borrosa vista…
 
*Esta vez… - pensé, desenvainando mis armas, dando el último paso hacia la batalla…*
 
Jadeante… Frío… Al borde de la muerte… En busca de una respuesta.
 
*¿Será la última vez?… - las giré hábilmente entre mis manos… Me sentía como un hombre nuevo… Otra vez…  Mientras veía venir la masacre…*
 
Una tenue luz podía divisarse a lo lejos… ¿Tendría la suficiente energía como para continuar?
 
Una efímera sensación de tranquilidad recorrió mi cuerpo. Se dibujó la más breve y débil sonrisa en mi rostro pálido. Me sentía lleno de energía para continuar a pesar de estar vacío, un claro ejemplo de que la voluntad podía con la carne y la sangre, en algunas ocasiones. Carne y sangre que continuó por más de cincuenta metros hasta desplomarse en el suelo metálico. Ya no sentía dolor. No sentía el frío. No sentía cómo la oscuridad me abrazaba… Con suerte, apenas podía ver borrosamente alguna de las velas que iluminaban los aposentos del último desconocido que alguna vez vería.
 
 
Apenas entré no vi más que un manchón rojo y blanco frente a mí. Quizás sentado, quizás recostado sobre otro manchón beige. Mis fuerzas se desvanecieron al apenas soltar el último tramo de pared.
 
-                     Bienvenido seas, Axel… - dijo una voz quizás más débil y más al borde de la muerte que la mía. Una voz grave, profunda, que arrastraba la lengua. Una voz que resonaba por toda la habitación. Una garganta arruinada por el alcohol y el tabaco, y quien sabrá por qué otras cosas más.
 
 
*Tendré que agradecerle… - dije, al cerrar los ojos tras ver a aquellas bestias acercándose a nosotros…*
 
Un gemido fue lo que pudo escuchar de mí, y ver como caí de rodillas ante él. Mi rostro golpeó fuertemente contra el suelo metálico y húmedo. Una rejilla enorme de metal. Me aferré a ella en un último intento de sobrevivir, dándome la media vuelta. Escuché pasos. Y pude ver aquél rostro arrugado frente a mí. Me sentía inferior. Una persa de una longeva bestia. El pánico me inundó de un momento a otro, pero no me sentía con las fuerzas necesarias para oponer resistencia a lo que fuese que quisiera hacer conmigo. Tanta frialdad en mi recibimiento y tranquilidad ante mi desplome no pudo hacer más que aumentar mi paranoia. Mi vista por fin se ennegreció… Había muerto… ¿Realmente, este era el fin? ¿Tan patético podía llegar a ser?
 
Cerré los ojos… Morí…
 
*Defenderé mi mundo… Nuestro mundo… - tantos recuerdos invadían mis pensamientos… Te vi a los ojos, y te hablé con el tono más sereno y tranquilo, si es que llegaras a ver otro igual después de este día… No entiendo por qué no puedo parar de suspirar…*
 
Sentí como si el más delicioso néctar se deslizaba por mi garganta. Nada, jamás, ni aquellas exóticas y prohibidas hierbas, ni los más caros polvos y pastillas habían alguna vez despertado mis sentidos tanto como aquél brebaje misterioso. Éxtasis… Era la única palabra con la cual podía describir mi absurdo estado actual. Me erguí, tenso. Tenía los ojos que saltaban de sus cuencas, me sentía espectacular…
 
-                     Tu mundo… No es más que una mentira elaborada… - escuché claramente, y giré la cabeza a ver de donde procedía el sonido.
 
Con esas palabras por fin pude ver a aquél hombre que me había recibido. En aquél estado anterior, si hubiera podido ver con más claridad al pútrido y arrugado hombre. De largos y blancos cabellos, desprolijos, con sus ojos inyectados en sangre muy hundidos en su rostro, pero con irises aún más enrojecidos. Con un manto de color rojo de seda, y anillos de oro, con aires de rey, atrapando sus largos y finos dedos, retorciendo el cuero que los cubría. La mancha beige que antes había visto no era ni más ni menos que un sillón, o mejor dicho, un trono de cuero roído y cuarteado, con coberturas de lana que colgaban por algunos de sus extremos.
 
-                     La prueba de cómo has reaccionado ante la sangre, es la prueba más clara… Para que no te asustes… - dijo, señalándome. Observé por debajo de mi mentón, y mi cuello, tanto como parte de mi pecho estaban cubiertos de un color carmesí, que despedía el más exquisito aroma jamás imaginado, el cual aquél anciano afirmaba era sangre. El hombre hizo una breve pausa antes de volver a hablar. – Te estarás preguntando muchas cosas, que pronto tendrán su respuesta. Pero antes, comenzaremos desde los inicios…
 
*El anciano me relató una historia fantástica en aquél entonces, de la cual no pude más que pensar en su inicio que no era más que una simple broma. Un cuento de hadas. Pensé que estaba totalmente demente, y que nada más alguien, en algún lugar, quería ver qué tan inocente era. Historia la cual no comprendí ni creí, hasta ser parte de ella. Él sabía todo lo que se venía.
Es el año >>>>dos mil quince<<<<, y aún continuamos en una guerra sin fin,  con más facciones en el Gran Juego tras lo que algunos llaman el Juicio Final, el Armagedón, y quien sabe qué otros pintorescos nombres bíblicos y poéticos.
 
Pensamos que éramos solo nosotros y los humanos. Los vampiros y licántropos no hacíamos anda más que pelear entre nosotros y alimentarnos de los que considerábamos los que estaban “más debajo de la cadena alimenticia”. No éramos nada más que unos ignorantes junto a ellos. No éramos los más fuertes, ni los más débiles… Ahora te preguntarás, ¿por qué te cuento todo esto? 
 
Quiero que sepas como inició todo, y por qué estás aquí. Comencé a militar en esta carnicería sin sentido de la misma forma que tú. Alguien me eligió. En este caso, yo te elegí, tal como el viejo que hace poco te comenté, Ismael Brèkovic, me eligió a mí. Estoy seguro que ya morí, por segunda vez, de otra forma, esta carta jamás llegaría a ti. Quiero que sepas que estoy orgulloso de ti, y aunque ya quizás, por diversos medios sepas todo esto, creo que es necesario que lo sepas, más allá de que nuestros superiores estén en desacuerdo.
 
Me disculpo por introducirte en esta vida… No espero que me perdones. Pero quiero que sepas que todo puede empeorar de ahora en más. Y que todas las especies deben estar en peligro. Quiero que estés preparada, y que sobrevivas…
 
Lamento también haberte aburrido con tanta melancolía absurda. Pasaré a lo realmente importante ahora mismo.
 
Me convertí en vampiro en el año >>>>>dos mil<<<<<. De la forma que ya te relaté… Como ya te dije, todo me pareció fantástico, como a ti te lo parecerá, aunque ya estás acostumbrada a una parte de la verdad: en el mundo, existen vampiros.
 
Los vampiros, lo que somos, muertos vivientes, sedientos de sangre, con fuerzas sobrehumanas, lo que llevas siendo junto a mí durante varios años. Conoces bien nuestras características, existimos de distintos tipos, y nos tocó ser de aquellos que tenemos que morir ante la luz del sol; somos aquellos que no podemos entrar sin invitación a un hogar, seductores y crueles por naturaleza.
 
También sabes que existen los licántropos; esos malditos pulgosos, que pueden transformarse en lobo. Que detestan tanto nuestro olor, como nosotros detestamos el suyo. No puedo verlos sin vomitar, aunque debo admitir que he cruzado con alguno de ellos en más de una ocasión, más que en batalla. Algunos son agradables, más de lo que crees, y con esto quiero dejar un legado de no prejuzgar a la raza, porque podrían ser potenciales aliados. Estos muchachos, débiles ante uno de los metales preciosos que hicieron famosas nuestras tierras, pero al extremo fuertes físicamente, muy habilidosos y con los sentidos agudos, con quien hemos luchado desde que nuestro padre, Marcus, obtuvo su maldición (Sí, maldición, no puedo llamarlo de ninguna otra forma) cuando fue mordido por aquella rata chupasangre y cuando William fue mordido por un lobo, aunque podría culpar a Alexander por todo.
 
Luego, están los humanos. Sabes que son nuestro alimento, así como existe una casta denominada “Cazadora”, que es la que se encarga de erradicarnos de la “faz de la Tierra”. Son simplemente sorprendentes, y no he tenido la oportunidad de conocer de cerca a uno como para saber la procedencia de tan llamativas habilidades. Así mismo, también existen las brujas y >>>>>hechiceros<<<<<, que tiene poderes que pocos humanos son capaces de obtener… ¡Ah, si alguna vez pudieses probar su sangre! Es algo más que exquisito… Y es lo primero que bebí, por cortesía de Ismael. Lamento no haberte recibido en nuestro mundo con lo mismo, pero volviendo al tema, los humanos son simplemente sorprendentes por su versatilidad. Pueden volverse licántropos o vampiros, hasta donde sé, sin retorno, sean quienes sean.
 
Todo esto es conocido por ti… No me negarás jamás su existencia… Pero ahora viene lo interesante, y lo irracional, que no creerás hasta que lo veas con tus ojos, aunque tengo la esperanza de que aún confíes en mí y en mi juicio, en mi cordura.
 
Te comenté acerca de un Juicio Final, un Armagedón, y seguro ya has escuchado hablar de ello. Se le llama el fin de los tiempos. Y ocurrió, realmente.
 
Las puertas del cielo y el infierno fueron abiertas un día. Ánimas fueron enviadas  al paraíso, pude vivirlo en medio de la cena, y demonios fueron liberados a acabar con las últimas vidas humanas, así como ángeles a detenerlos y acabar con nuestra existencia.
 
Una nueva guerra se formó. Duró siete años. Batallas encarnizadas contra los ángeles y demonios. Criaturas realmente sorprendentes y fuertes, teme de cualquiera de ellos, y no confíes si algún día ves alguno. Los ángeles son fieles a su Señor, y desde que fue desterrado Lucifer y cientos de ángeles soberbios con él, ya casi nadie se atreve a revelársele, por lo cual lo más probable sea que intenten eliminarte. Y si ves un demonio, también corre. Si crees que somos crueles los vampiros y licántropos, no sabes lo que ellos son. Tienen una mente retorcida, y pareciera no conocen la piedad ni la decencia. Son totalmente dementes, y hacen realmente lo que se les place, por más rango jerárquico que tengan en el infierno. Pocos son los fieles a su Señor, y todos los oportunistas independientes han escapado, o eso es lo que cuentan en Underworld… Son buenos aliados contra los ángeles, aunque es muy probable que te traicionen… Está en su naturaleza, aunque como ya dije, no prejuzgues las razas, por más mal que hablen de ella, seguramente, no todos los demonios sean iguales.
 
Volviendo a los hechos, como ya te comenté, se dio una guerra durante siete años. No pienses que fuimos débiles. Los vampiros y licántropos obtuvimos más enemigos y aliados. Los demonios ocasionalmente nos ayudaban contra los ángeles, y por diversos medios obtuvimos información de estos últimos… “Su Dios no los ayuda tanto como podrías pensar, ni se entromete tanto en los “asuntos mortales”, tiene mejores cosas que hacer”, cito erróneamente a Josué, un ángel que logramos capturar y sacar información, y muerto (realmente, quisiera decir que la inmortalidad no existe, sino solo una mísera prolongación de la vida con ciertas ventajas).
 
Los Cazadores dedicaron su vida a la protección de la raza humana, y cuando toda la existencia sobrenatural fue rebelada, los humanos fueron obligados a crear Underworld. Esto último ya lo conoces, es tu hogar. Y sabes bien como es. Una fortaleza “impenetrable” (la corrupción existe hasta en algunos de los que creemos los más puros hombres, mi pequeña), donde la existencia de vampiros, licántropos, demonios, ángeles, etcétera, se ha olvidado por completo, buscando una restructuración de la sociedad antes del Juicio Final. Y lo han logrado. Tú sabes bien de lo que hablo, ya que te “transformé” a los veintitrés años de edad, conoces a la perfección la farsa que fue tu mundo, donde aún están colados, aunque ocultos, los aquelarres, algunos pocos ángeles y demonios, raros de ver. Tras la guerra fueron devueltos a sus mundos, y muy pocas veces son enviados a la Tierra en alguna misión, en caso de los ángeles, y en el de los demonios, en misión o simplemente por propio capricho.
 
Los Cazadores mueven los hilos de todo, en busca de una utopía subterránea. Sabes lo enorme que es el lugar, y las medidas que toman ante todo. Es un lugar hermoso, al cual tenemos poco acceso. Entramos infiltrados, o por corrupción de sus líderes, aunque eso es realmente lo de menos en este momento, me olvido que viviste allí de a momentos. Hemos pasado tanto tiempo juntos, que creo que ya te has acostumbrado a la superficie.
 
Como bien sabes, nuestro mundo, que ahora es el de la superficie, está dividido. Uno, controlado por nosotros, otro por los licántropos. Es difuso determinar dónde está cada quién, pero seguramente lograrás orientarte con las notas y el mapa que te he adjuntado.
 
Sabes bien como es nuestra sociedad. Decadente, y casi sin alimento. Pocos humanos son los que no llegaron al Undworld, pero que bien se han asentado en algunos lugares tras la guerra, creando sus reducidas sociedades e intentando eliminar todo rastro de nosotros, con pequeñas comunidades aún más reducidas de Cazadores repartidas por cada población dentro del territorio licántropo y vampírico, donde también podrás encontrar un Aquelarre o dos, aunque si no entras con aires de alimentarte, no creo sean de problema para ti estar entre ellos. Intenta controlar tus impulsos de hambre. 
 
Es un mundo complicado en el que vivimos, con poca comida… Sabes que existe la corrupción, te dije repetidas lo mismo. Pocos son los que entran a Underworld y viven para contarlo. Todo el gobierno del lugar intenta esconder nuestra existencia, y hay quienes quieren cambiarlo… Quieren infiltrarse en él, y que la vida vuelva a como antes, pero aún no lo han logrado… Quienes quieren destruirlo… Siempre culmina en muerte, sea cual sea el objetivo.
 
Seguimos en guerra contra los licántropos. Es una guerra sin fin… Ahora que morí en batalla, puedo revelarte que quisiera que todo acabara de una vez, y hubiera paz… Quisiera haber hecho algo para cambiar esta absurda rivalidad. Y quisiera que vivas en carne propia lo que es el mundo…
 
Lucy…  Seguro tendrás muchas preguntas. Es una pena que no pueda respondértelas. Me tocó estar en el mismo papel Ismael en esta retorcida obra de teatro que es la vida, y al final, sólo podré decirte que esta vida después de la muerte que te he dado será siempre mi mayor arrepentimiento.
 
Fui egoísta. Al igual que todos. Y solo podrás prepararte para lo que se viene dependiendo de lo que decidas tras leer esta carta…
 
Suerte en este cruel mundo que sólo empeorará para lo que somos nosotros, mí querida amiga. Espero que tomes la decisión correcta.
 
Axel Richards.

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